Cómo un estudiante de ingeniería eléctrica se convirtió en una de las figuras más influyentes de la comedia de todos los tiempos.
Rowan Atkinson es uno de los pocos artistas cuyos personajes se reconocen en todo el mundo, muchas veces sin necesidad de palabras. Pero detrás del humor que parece tan natural hay una vida marcada por la disciplina, las dudas y los conflictos internos. Su camino demuestra que el éxito no necesariamente significa paz interior. En su cumpleaños número 71, queremos poner el foco en el hombre que es mucho más que “solo” Mr. Bean.
De estudiante de ingeniería a ícono de la comedia
Nacido en Inglaterra en 1955, Rowan Atkinson al principio siguió un camino completamente distinto: estudió ingeniería eléctrica en Newcastle y Oxford. Fue allí donde empezó a involucrarse activamente con la actuación y la comedia. Desde temprano quedó muy claro que Atkinson tiene una afinidad extraordinaria para el lenguaje corporal, el timing y las expresiones faciales, habilidades que más tarde se convertirían en su sello.
Celebró su primer gran salto a la fama con la serie británica de sátira histórica Blackadder, que hasta el día de hoy se considera un hito para la comedia británica.
Mr. Bean: fama mundial sin palabras
En 1990, Rowan Atkinson finalmente se convirtió en un ícono global como Mr. Bean, un personaje que se sostiene casi por completo en el lenguaje corporal, las expresiones faciales y el slapstick, creando de manera intencional un paralelo con leyendas del cine mudo como Charlie Chaplin.
Mr. Bean fue un éxito mundial: series de TV, películas, adaptaciones animadas; pocas figuras de comedia resultaron tan universalmente comprensibles. Pero ese mismo éxito empezó a volverse cada vez más agotador.
El propio Atkinson describió a Mr. Bean como un papel que lo limitaba enormemente. El personaje exigía un control extremo, una perfección constante y dejaba poco margen para seguir evolucionando. Además, Atkinson temía quedar reducido a un solo rol, un conflicto que influiría en decisiones posteriores.
Éxito, miedo y conflicto interno
Rowan Atkinson habló abiertamente sobre sus dificultades de salud mental, en especial su ansiedad social, sus dudas sobre sí mismo y el estrés acumulado a lo largo de los años. Paradójicamente, parecía resultarle más fácil actuar para millones de personas que manejar situaciones sociales cotidianas.
La enorme presión por rendir, por ser siempre gracioso, preciso e impecable, que llegó con el éxito de Bean lo llevó a atravesar períodos de agotamiento emocional. Atkinson se apartó deliberadamente del ojo público, redujo sus apariciones y eligió sus papeles con mucha selectividad.
Su relación con el éxito nunca fue acrítica: cuestionó la fama, la popularidad y los mecanismos detrás de la industria del entretenimiento, y se resistió conscientemente a la presión de reproducir a Mr. Bean una y otra vez.
Nuevos caminos
Con la saga de Johnny English, Atkinson logró un equilibrio: siguió en la comedia, pero pudo hablar, equivocarse y usar la ironía, y así tomar distancia de Mr. Bean. Al mismo tiempo, también regresó al teatro, donde podía controlar el ritmo y la forma por sí mismo.
Esta distancia consciente respecto del éxito sostenido muestra a un artista que prefiere estar bien mentalmente antes que mantenerse siempre presente.
Rowan Atkinson no es una estrella que dramatice sus luchas internas, y eso es lo que vuelve tan creíbles sus declaraciones. Representa una verdad que a menudo se pasa por alto en los medios de entretenimiento: un gran éxito puede ser tan abrumador como fracasar.
El hecho de que hable sobre sus problemas de salud mental y deje claro que incluso los más exitosos dudan de sí mismos no solo lo hace ver muy humano, también nos enseña a todos a lidiar abiertamente con el estrés y la sensación de estar sobrepasados, porque esas emociones realmente le son familiares a cualquiera.
Hoy no solo es una leyenda de la comedia, también da un ejemplo. Dar un paso fuera del foco y cuidarte no es una debilidad, sino una forma de fortaleza.
El artículo original fue escrito por Kristina Capin.