Un pato y una Golden Retriever se han convertido en mejores amigos, y todo el mundo adora su amistad.
Esta conmovedora historia demuestra que la recuperación suele llegar de los lugares más inesperados. Para una familia de Nueva York, un pato llamado Louie solo iba a ser un huésped temporal, pero terminó convirtiéndose en un miembro más de la familia y le devolvió las ganas de vivir a Barley, una golden retriever que atravesaba un momento difícil.
Un pato se convierte en parte de la familia
Justin y Tori Cannarelli viven en Long Island con sus dos hijos, Cameron y Charlie, su perra Barley y, ahora, el pato Louie. Nunca imaginaron que un ave acuática acabaría convirtiéndose en un integrante permanente de su hogar.
Louie nació como parte de un proyecto científico realizado en un salón de clases de una escuela primaria local. Los Cannarelli, que buscaban un pato para el centro de jardinería de Justin, encontraron a Louie a través de Facebook Marketplace. Tori lo llevó a casa pensando que se quedaría por poco tiempo, pero rápidamente surgió un vínculo único entre Louie y la golden retriever de la familia.
Tiempo atrás, Barley había desarrollado graves problemas de salud y comenzó a sufrir convulsiones. Aunque los medicamentos lograron controlar la enfermedad, sus efectos secundarios tuvieron un fuerte impacto en ella. La perra que antes era enérgica y juguetona se volvió retraída y aletargada.
“Simplemente había perdido su chispa”, recordó Tori. Barley ya no era la misma de antes y la familia temía que su personalidad alegre hubiera desaparecido para siempre. Hasta que llegó Louie.
Louie le devuelve la alegría a Barley
Mientras Louie se adaptaba a su nuevo hogar, comenzó a seguir a Barley por toda la casa, picoteando suavemente sus patas e invitándola a jugar. Poco a poco, Barley respondió: perseguía al pato de forma juguetona, se acurrucaba junto a él y pasaba horas a su lado.
En poco tiempo, la transformación de Barley era evidente. Volvió a mover la cola, a correr por el jardín y a comportarse como antes. “Comenzó a sonreír otra vez”, contó Tori. Para los Cannarelli, estaba claro que Louie había ayudado a su perra a recuperar la felicidad.
Hoy, Barley y Louie son prácticamente inseparables. Ya sea que jueguen sobre el césped o descansen juntos en el suelo, ambos están constantemente uno al lado del otro.
Aunque la ciencia veterinaria quizá no pueda explicar de manera definitiva el impacto psicológico de su vínculo, la familia Cannarelli no necesita pruebas. Para ellos, la evidencia está frente a sus ojos: un pato que llegó como huésped temporal terminó devolviéndole la alegría a su perra.
El artículo original fue escrito por Michelle Baier.