Loftia: Un refugio solarpunk que sorprende con su personalización

Loftia combina una rutina relajante con amplias opciones de personalización, aunque los controles y la variedad de actividades todavía necesitan trabajo.

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Las islas flotantes de Loftia ofrecen un lugar donde cultivar, construir y tomarse las cosas con calma. | © Qloud Games

Loftia me recordó que no todos los juegos tienen que ponerme a prueba. A veces basta con recoger materiales, cultivar algo y decidir de qué color quedaría mejor un mueble. Si buscas acción o un desafío constante, probablemente te convenga mirar hacia otro lado. Pero si quieres bajar el ritmo, poner un podcast de fondo y dedicarte a mejorar tu pequeño rincón del mundo, aquí hay una propuesta que merece atención.

Su combinación de vida tranquila, decoración y comunidad puede resultar especialmente atractiva para quienes siempre miraron con interés a Animal Crossing, pero se quedaron esperando una entrega para PC. Eso no significa que ambos juegos sean intercambiables: Loftia apuesta por un mundo compartido y una identidad solarpunk propia. En la versión que probé, esa mezcla ya tenía encanto, aunque también algunos problemas capaces de interrumpir la relajación.

Una vida entre las nubes, sin demasiadas preocupaciones

La llegada a una isla flotante alimentada por energía solar marca bastante bien el tono de la experiencia. Conoces a sus habitantes, consigues recursos, fabricas objetos y empiezas a darle forma a tu casa y a tu personaje. El ciclo es familiar, pero aquí no tienes que preocuparte por morir de hambre ni por construir un refugio que te proteja de los elementos. La casa existe para que disfrutes decorándola, no para evitar que la siguiente noche sea la última.

Ese cambio de prioridades hace que las tareas más sencillas funcionen como pequeños objetivos personales. Reunir materiales tiene sentido porque quieres fabricar algo que te gusta; cultivar forma parte de una rutina que puedes tomarte con calma. El atractivo depende mucho de cuánto disfrutes esos procesos por sí mismos. Si necesitas que el juego te empuje constantemente hacia una nueva amenaza o un reto más exigente, su tranquilidad puede convertirse pronto en monotonía.

La progresión de habilidades aporta un incentivo adicional. Repetir determinadas acciones mejora la habilidad correspondiente y permite invertir puntos en ventajas de distintas áreas, una lógica que recuerda a sistemas presentes en Core Keeper o Valheim. Me parece una buena forma de acompañar la rutina: además de conseguir recursos, sientes que tu personaje se vuelve más competente en aquello a lo que dedicas tiempo. No transforma cada tarea en algo emocionante, pero ayuda a que el esfuerzo tenga continuidad.

Compartir el mundo sin tener que organizar un grupo

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Decorar tu casa es uno de los grandes atractivos de Loftia, aunque su estilo visual no será para todos. | © Qloud Games

A pesar de su componente multijugador, pude disfrutar de Loftia por mi cuenta. Tener a otros jugadores alrededor no significa que debas coordinarte con ellos para cada actividad, y esa libertad encaja con el espíritu del juego. Puedes ocuparte de tus cosas o buscar compañía cuando te apetezca. Eso sí, jugar solo no equivale a disponer de un modo sin conexión: el mundo sigue siendo online.

Con amigos, la propuesta gana un atractivo evidente. Decorar, comparar lo que cada uno está construyendo o participar en una actividad conjunta da otro sentido a una rutina que, en solitario, depende más de tus propias metas. Hay una buena base para formar una comunidad agradable, aunque me gustaría encontrar más motivos para reunirse que simplemente compartir el mismo espacio.

Mucha libertad para decorar, aunque su estilo no fue para mí

El apartado artístico fue uno de los aspectos con los que menos conecté. Su estética me resultó demasiado infantil para mis gustos, y me costó encontrar ropa o muebles que realmente quisiera usar. Es una cuestión de preferencia visual, no una afirmación sobre a quién va dirigido el juego, pero en una experiencia tan centrada en personalizar tu entorno tiene bastante peso. Cuesta entusiasmarse con conseguir un nuevo objeto cuando su diseño no te convence.

Por eso me sorprendió lo flexible que resulta la personalización de colores. Poder recolorear casi todo abre muchas posibilidades para adaptar los objetos a tu gusto y conseguir que distintas piezas funcionen juntas. Un mueble que inicialmente no me llamaba la atención podía encajar mucho mejor con otra combinación, y esa libertad ayuda a que la decoración no dependa únicamente de encontrar el objeto exacto.

Es, para mí, uno de los mayores aciertos de Loftia. El juego entiende que personalizar también consiste en modificar lo que ya tienes, y ofrece margen para hacerlo. Cambiar los colores no resuelve mi falta de afinidad con algunos diseños, pero sí me dio más razones para experimentar con ellos.

La agricultura necesita controles más fiables

La calma se me terminó en más de una ocasión al intentar sembrar, regar o cosechar. La respuesta de los controles no siempre fue consistente y acabé pulsando repetidamente el botón hasta que el juego registraba la acción. No es el tipo de dificultad que busco al cuidar unas plantas, y menos en una propuesta donde estas tareas ocupan una parte tan importante de la experiencia.

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La agricultura encaja con la rutina relajante del juego, pero la respuesta de los controles todavía necesita pulirse. | © Qloud Games

El problema se volvió especialmente molesto en uno de los minijuegos, donde hay que competir por sembrar, cosechar y entregar la mayor cantidad de alimentos. Una interacción que ya resulta incómoda cuando puedes tomarte tu tiempo pesa bastante más cuando estás intentando ganar. La actividad debería poner a prueba tu rapidez o tu organización; con esa respuesta irregular, terminaba prestando demasiada atención a comprobar si la orden había funcionado.

También encontré algunos errores menores. Ninguno fue el centro de mi experiencia, pero sí contribuyen a que esta versión se sienta todavía en desarrollo. De cara al acceso anticipado, mejorar la fiabilidad de las acciones básicas debería ser una prioridad: cuando buena parte del juego consiste en repetirlas, cualquier pequeña fricción acaba acumulándose.

Una comunidad necesita razones para volver

La base me parece prometedora, pero durante mis partidas eché de menos una mayor variedad de actividades y eventos. La decoración puede entretener durante mucho tiempo a quienes disfrutan ajustando cada detalle, aunque no todos los jugadores van a encontrar ahí la misma motivación. Para sostener el interés de un grupo con gustos distintos, me gustaría que hubiera más alternativas dentro de ese mismo mundo.

También agradecería algunas propuestas opcionales más activas o exigentes. No hace falta introducir combate ni convertir la experiencia en una carrera de obstáculos: bastaría con ofrecer actividades que requieran algo más de coordinación, habilidad o colaboración. Quienes quieran seguir cultivando tranquilamente podrían hacerlo, mientras que los grupos tendrían otras formas de pasar el rato juntos. Ese equilibrio ayudaría a ampliar la experiencia sin perder la tranquilidad que le da personalidad.

Veredicto: 7/10

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Compartir este mundo con amigos suma posibilidades, aunque también puedes avanzar a tu propio ritmo. | © Qloud Games

Loftia ofrece un lugar agradable donde bajar el ritmo, con una rutina fácil de entender y unas opciones de personalización que me sorprendieron incluso sin conectar demasiado con su estilo artístico. Disfruté de la libertad para avanzar por mi cuenta y adaptar mi espacio, aunque los controles de agricultura y la variedad de actividades todavía necesitan trabajo. Mi valoración de la versión probada es un 7/10: hay una base sólida para un juego social y relajante, pero su capacidad para mantenerme interesado dependerá de cómo pula esas interacciones y amplíe las cosas que podemos hacer juntos.

Ignacio Weil

Creador de contenido para EarlyGame ES y conocedor de juegos independientes y de terror. Desde Dreamcast hasta PC, Ignacio siempre ha tenido pasión por los juegos indie y experiencias enfocadas en la historia....