Una caja heredada de videojuegos antiguos piratas —lo que para algunos podría parecer basura digital— fue todo lo que necesitó el Adrián de ocho años para despertar una obsesión que ha llegado a marcar su vida desde entonces.
Para mí, el mundo y la visión artística de cualquier juego —ya sea antiguo o nuevo, bueno o malo, popular o desconocido— merecen ser reconocidos y apreciados. Por eso, las oportunidades en EarlyGame son una suerte: un espacio que me permite difundir mi fascinación por este medio a una audiencia más amplia (en lugar de limitarme a mi familia y amigos, las víctimas habituales de mis desbordes de entusiasmo).